Hoy en día es muy común pasar el día dentro de las redes sociales y socializar dentro de las mismas. Interactuamos con otros usuarios por medio de publicaciones y servicios de mensajería dentro de las mismas, lo que fue una solución para reencuentro y contacto de amistades o familiares alejados por el tiempo y y la distancia, ahora se ha convertido en un punto de referencia para crear este tipo de relaciones.
¿Hasta qué punto la única forma de relacionarnos con otros lo hacemos a través de este medio?
Estas redes se han convertido en una zona de confort en la que algunos usuarios ya no tienen que lidiar con su miedo al rechazo, ¿cómo así?
Si, miedo a ser rechazado si se interactúa con otro ser humano frente a frente, miedo a ser rechazado si no se consigue la dosis diarias de "me gusta" a las fotos y publicaciones, miedo a ser rechazado si el otro no me contesta.
Las redes han influido en reducir la tolerancia al rechazo y a otras tantas emociones que surgen con el día a día. Está en la naturaleza del ser humano el apego a las experiencias placenteras y el rechazo a las que no lo son tanto. Las redes han venido a cubrir esa necesidad innata y hacen que se olvide que la experiencia humana no es así, la vida está llena de altibajos placenteros y no placenteros y al final sólo queda el aprender cómo seguir en nuestro centro y equilibrio sin dejarnos llevar por una u otra experiencia. Nos invito a reflexionar, ¿qué tanto buscamos de estas experiencias placenteras al subir o contestar una publicación? ¿qué tanta tolerancia tenemos a ser rechazados? Gracias por leerme. Namasté.
